De dónde venís, cómo estás hoy, hacia dónde vamos.

La medicina funcional es una forma de ejercer la medicina que busca la causa de lo que está pasando, en lugar de quedarse en el síntoma. Estudia a la persona completa —antecedentes, estilo de vida y laboratorio— y de este modo arma un plan enfocado en corregir lo necesario y sostenerlo en el tiempo.
Un síntoma no es una enfermedad, es una señal: el cuerpo está avisando que algo no está funcionando como debería. Y no siempre avisa en el lugar donde se origina el problema. Un dolor de cabeza puede empezar en el intestino; una piel que no mejora, en algo que se come todos los días.
Por eso apagar la señal no resuelve lo que la produjo. Alivia, y en ocasiones ese alivio es necesario, pero si la causa permanece el síntoma vuelve, o aparece de otro modo.
El cuerpo no funciona por partes: la digestión, las hormonas, el descanso, las defensas y el sistema nervioso se sostienen entre sí. Cuando uno se desajusta, los demás compensan, y esa compensación sostenida en el tiempo es la que genera el síntoma o el dolor. Por eso la evaluación no se detiene en el motivo de consulta: abarca los antecedentes, el funcionamiento de cada sistema, la alimentación, el descanso, el nivel de estrés y la manera de ser y de reaccionar de cada persona.
Es útil tanto para quien convive con una dolencia desde hace tiempo como para quien no tiene ningún diagnóstico y busca sentirse mejor. En el primer caso se busca el origen para corregirlo; en el segundo, aquello que todavía está a tiempo de acomodarse.
Las consultas duran lo que sea necesario. Una historia clínica completa necesita tiempo y paciencia.
Que un valor esté dentro del rango de referencia no significa que sea óptimo. Cada resultado se compara con el objetivo funcional y con resultados anteriores.
Cada hallazgo y cada indicación se explican en la consulta, con tiempo y en palabras simples: qué se encontró, por qué se pide cada estudio y qué se espera de cada cambio.
El plan se define junto al paciente, a partir de su rutina, sus tiempos y lo que está en condiciones de sostener. Un plan que no se adapta a la vida real no se cumple.
Los resultados no dependen solamente de lo que se indica. La consulta aporta conocimiento, tiempo, escucha y acompañamiento sostenido; el paciente aporta lo que sabe de su propia vida y la decisión de ir sosteniendo los cambios. El plan se construye y se corrige entre ambos, consulta a consulta.
En el consultorio se trabaja también con homeopatía. Se indica dentro de la misma consulta, cuando el caso lo requiere.
Se utiliza para ayudar a restablecer el equilibrio del organismo y sostener desde ahí la mejoría del motivo de consulta.
La homeopatía actúa sobre la energía vital: no suprime el síntoma, ayuda al organismo a reequilibrarse y a resolverlo desde su origen. El remedio no se elige solamente por los síntomas, sino tomando a la persona como un todo: su manera de reaccionar, sus antecedentes y su forma particular de enfermar. Por eso dos pacientes con el mismo cuadro pueden necesitar remedios distintos.
El recorrido inicial son dos consultas, con un mes o cuarenta días de intervalo entre ambas. Cada paciente termina ese recorrido con su informe completo y un plan concreto para comenzar.
Al confirmar el turno se envía un formulario de historia clínica. Es extenso, para completar con tiempo y paciencia, pero es la base de todo lo que se va a trabajar juntos.
La consulta se desarrolla sobre ese material: el motivo que trajo a cada paciente hasta acá, qué le gustaría lograr, los antecedentes, el funcionamiento de cada sistema y los hábitos. Se extiende una hora, o más si hace falta.
Al finalizar quedan indicados los análisis y estudios a realizar.
Se pueden solicitar tres tipos de estudios:
Durante ese período se completa además un registro diario breve sobre alimentación, descanso y estado general. Ese registro permite detectar patrones que una consulta aislada no revela.
Es la devolución. Se integran la historia clínica, los hábitos y los resultados de laboratorio, y cada paciente recibe su Mapa Integral de Salud: la situación actual, a qué responde y el plan a seguir, paso por paso.
Todo lo trabajado queda por escrito y personalizado, presentado con esquemas y gráficos que vuelven la información fácil de consultar y de releer en cualquier momento.
El informe completo: historia, hábitos, laboratorio interpretado y plan de acción.
Pautas de alimentación ajustadas a lo que muestran los estudios y a la rutina de cada paciente: qué conviene incorporar, qué conviene reducir y de qué manera.
Una pauta de movimiento adecuada al momento de cada persona: qué tipo de actividad, con qué frecuencia y con qué intensidad.
Únicamente lo que los estudios indican, con su dosis, el momento del día y la duración del tratamiento. No se indica suplementación antes de tener los resultados.
Con el Mapa Integral ya entregado, cada paciente elige cuánto acompañamiento necesita para sostener el plan.
El plan se lleva completo y se pone en práctica en el día a día. A los tres meses se solicita un nuevo laboratorio y se realiza una consulta de control, para comparar los resultados con los anteriores y ajustar lo que haga falta.
Para quienes prefieren estar acompañados durante todo el proceso de cambio. El plan se revisa semana a semana, sobre lo que efectivamente ocurre.
Hay preguntas que un análisis de sangre habitual no responde: el estado de la flora intestinal, la vía por la que se metabolizan las hormonas, los nutrientes realmente deficitarios. Esos estudios no se procesan actualmente en el país: se derivan a laboratorios especializados de Estados Unidos.
La muestra se toma en el domicilio y ninguno es invasivo. El resultado no se entrega por separado: se incorpora al Mapa Integral, ya traducido en decisiones concretas.
Según lo que haga falta responder, se gestiona el kit correspondiente.
Con instrucciones paso a paso, sin traslados.
Se envía al laboratorio de Estados Unidos que procesa ese estudio.
Se incorpora al Mapa Integral y se traduce en decisiones concretas.
Estos estudios se indican al finalizar la primera consulta, junto con el laboratorio local, y sus resultados se integran en el Mapa Integral en la segunda.

Hay cuestiones que exceden lo que puede resolver una consulta médica, por completa que sea. Por eso trabajamos con una red de profesionales de confianza: psicología, coaching y nutricionistas especializadas, entre otras disciplinas, según lo que cada persona necesite.
No se trata de derivar y soltar. Quienes intervienen están al tanto de lo que le está pasando al paciente y de lo que se está trabajando, y ajustan su parte en función del conjunto.
Hay señales que necesitan otra mirada para explicarse del todo. Sumar una especialidad distinta muchas veces es lo que completa el cuadro.
Hay procesos que piden un acompañamiento distinto del que puede dar el seguimiento médico, con su tiempo y su método propios. Ahí se suma quien corresponda, sin que el paciente quede a cargo de coordinarlo.
Cada profesional trabaja desde su especialidad, pero sobre el mismo plan y con la misma información. Y cuando el paciente ya se está tratando con alguien —quien lo trata, quien lo acompaña, hasta quien lo entrena—, si así lo prefiere se toma contacto con esa persona, para ir los dos en la misma dirección. Así nadie tiene que ir repitiendo su historia en cada consulta, ni resolver por su cuenta indicaciones que no coinciden entre sí.

Soy médica, recibida en la Universidad de Buenos Aires y formada en el Hospital de Clínicas. Estudié homeopatía en la Asociación Médica Homeopática Argentina y medicina funcional en el Institute for Functional Medicine de Estados Unidos.
Primero llegué a la homeopatía, porque sabía que había algo más que la consulta tradicional no estaba mirando. Después, con la medicina funcional, terminé de armar la combinación con la que quería acompañar a cada persona: de manera personalizada, al ritmo de cada uno y acorde a su realidad.
Con casi quince años de experiencia, lo que veo todos los días me confirma que este es el camino para sentirse bien: entender qué está pasando, corregir lo que se pueda y sostenerlo en el tiempo. Tapar un síntoma no es curar.
El proceso de bienestar requiere tiempo, paciencia, trabajo en conjunto y acompañamiento.
Las dos modalidades siguen exactamente el mismo recorrido: el mismo formulario previo, la misma primera consulta, los mismos estudios y el mismo Mapa Integral. La distancia no cambia la forma de trabajar.
En Nordelta, complejo North Coral Plaza, piso 2, departamento 224. Se atiende únicamente con turno previo.
Desde donde estés, sin diferencia en el seguimiento posterior.

No es necesario contar con un diagnóstico previo para consultar. Estas son las situaciones que aparecen con mayor frecuencia.
Es una forma de ejercer la medicina que busca la causa de lo que está pasando en lugar de quedarse en el síntoma. Se estudia a la persona completa —antecedentes, estilo de vida y laboratorio— y de este modo se arma un plan enfocado en corregir lo necesario y sostenerlo en el tiempo.
El chequeo busca descartar enfermedad: si nada aparece fuera de rango, ahí termina. Acá el punto de partida es otro: dónde está parado cada valor dentro de su rango, hacia dónde viene moviéndose respecto de los años anteriores, y qué está pasando en la vida cotidiana que el laboratorio no mide.
Sí. Buena parte de los motivos de consulta no son una enfermedad diagnosticada: cansancio, digestiones pesadas, sueño que no repara, hinchazón, cambios del ánimo. Y hay muchísimos pacientes que llegan sin ningún síntoma, simplemente porque quieren sentirse mejor y llegar bien a los próximos años. No hace falta esperar a que algo se rompa.
No. Se suma. Ninguna medicación se cambia ni se suspende por fuera de quien la indicó, y no se indica nada antes de tener los resultados.
La primera se extiende una hora, y a veces más. Es una historia clínica completa: el motivo de consulta, los antecedentes, la alimentación, el descanso y el estado emocional. La segunda, la de la devolución, es algo más breve.
Sigue exactamente el mismo recorrido que la presencial: el mismo formulario previo, la misma primera consulta por videollamada y el mismo Mapa Integral. La única diferencia es que los análisis se realizan en un laboratorio cercano al domicilio de cada paciente.
Sí. El recorrido es el mismo y la consulta es por videollamada. El laboratorio de sangre y orina se hace donde viva cada paciente; para los estudios funcionales se ve, según el país, cómo se gestiona el envío.
Sí. Hay una historia clínica pediátrica propia y la consulta se hace junto a los padres.
Escribime por WhatsApp y lo coordinamos. Una vez agendado, se envía el formulario de historia clínica para completar antes de la consulta.
Los valores se pasan por WhatsApp, actualizados al momento de agendar.
La atención es particular: no se trabaja con obras sociales ni prepagas. Se emite factura para que cada paciente pueda gestionar el reintegro con su cobertura.
No. Al procesarse en el exterior, sus valores son en dólares y se pagan aparte de la consulta.
Tres tipos: un laboratorio local de sangre y orina, los laboratorios funcionales que se procesan en el exterior, y los estudios complementarios que requiera cada caso, como una ecografía o un electrocardiograma. Todos quedan indicados al finalizar la primera consulta.
Son estudios que actualmente no se procesan en la Argentina y se realizan en laboratorios especializados de Estados Unidos: microbiota y función intestinal, nutrientes y metabolismo celular, y metabolismo de las hormonas.
La muestra se toma en el domicilio y se envía al laboratorio que procesa ese estudio. No requiere traslados.
Sí, aportan muchísima información. Se piden antes de la primera consulta, aunque parezcan antiguos o poco relevantes: la evolución de un valor en el tiempo dice mucho más que una única medición.
Cuando el caso lo requiere. Se decide dentro de la misma consulta, junto con el resto del plan: no es un tratamiento aparte ni una consulta separada. Ayuda al organismo a restablecer su equilibrio y se suma a lo que se está trabajando desde la medicina funcional.
Únicamente lo que los estudios indican, y por un tiempo definido. La mayor parte del tratamiento se resuelve en la alimentación, el movimiento y el descanso, no en la farmacia.